Criminología Teórica. La Sociedad Criminógena

$ 22.590

Autor: Sergio Sánchez
ISBN: 978-956-286-093-2
Primera edición, noviembre 2008
Formato: 21 x 29,7 cm.
238 páginas

Agotado

Descripción

Esta la tercera entrega de una larga singladura por el vasto –e incierto- camino de las teorías criminológicas. Si en un primer volumen pusimos especial énfasis en la antropología criminal, y en el segundo confrontamos los primeros desarrollos de la psiquiatría y el psicoanálisis criminales, hoy abordamos una labor de transición, por así decirlo, entre las distintas respuestas deslegitimadoras del ius puniendi (el derecho del Estado a castigar) y la temática del delito colectivo, del delito de las masas, como una suerte de contestación implícita a esos cuestionamientos radicales. En realidad, estamos persuadidos de que tanto la psicología de las masas como la teoría de las masas criminales fueron elaboradas con el horizonte de los maximalismos revolucionarios en mente, esto es, como una necesidad de respuesta escéptica a dicho desafío.
Es posible que, en virtud de su temática particular, este volumen se nos antoje menos comprometido con la criminología en sentido estricto, si se lo compara con los dos precedentes. Sin embargo, declaramos que tal reserva constituye sólo un espejismo. En nuestra concepción amplia del objeto criminológico, que hemos venido propugnando (de manera más o menos explícita) desde los comienzos, la reacción institucional al delito, las ideologías punitivas y la actividad de las agencias de control social, son tan importantes como las causas de la criminalidad en un sentido ortodoxo.
Ante todo, conviene recordar un punto en torno a la criminología académica. Si en ella confluyen los saberes del sociólogo, del psiquiatra, del psicólogo y hasta del jurista, ¿qué conocimiento puede reclamar el criminólogo como propio? ¿Necesita de ese “saber enciclopédico” que reclamaba Sir Leon Radzinowicz? Principalmente, el criminólogo tiene que hablar desde sus “ciencias vecinas” (por usar una expresión de Günther Kaiser), las mismas que, en su conjunto y en resumen, le permiten hablar de su objeto. Parece no existir un lenguaje criminológico como tal, sino criminólogos que, según los casos, invocan las fórmulas explicativas de las ciencias vecinas.
Naturalmente, no se trata de una discusión nueva. Y es posible que no sea tan decisiva e interesante como plantean tantos manuales, que insisten en imponerla a sus lectores en varias decenas de páginas previas al tratamiento de las teorías propiamente dichas. Pero no es bueno olvidarla del todo. Así, aunque no se le aborde de manera taxativa, este tema se desliza con frecuencia por las páginas de este libro que ponemos a disposición del lector.

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